Para muchos, plantear hoy la creación de una empresa de energía propia para La Guajira puede parecer descabellado, incluso una utopía. Se dirá que para hacerlo se necesita un enorme músculo financiero y que el departamento no está en capacidad de asumir semejante desafío.
Yo pienso lo contrario.
Si existe voluntad política, visión de Estado y una verdadera decisión de transformar la realidad energética de nuestra región, es posible hacerlo.
La Guajira ya tuvo su propia empresa: Electroguajira. En algún momento se tomó la decisión de construir un gran modelo regional con Electricaribe. Fue un proyecto de enormes dimensiones, pero los resultados no fueron los esperados. Posteriormente, se produjo una nueva segregación y nacieron Air-e y Afinia, y hoy seguimos enfrentando graves dificultades en la prestación del servicio.
Hay una frase que recuerdo del libro El vendedor más grande del mundo: cuando los negocios están en crisis, muchas veces lo mejor es regresar a los orígenes.
Y creo que esa reflexión aplica perfectamente a nuestra realidad.
Tenemos que volver al origen.
La Guajira debería comenzar a discutir seriamente la creación de una empresa de energía propia, construida de manera gradual, con participación del departamento y de los municipios.
No necesariamente todos tendrán que aportar recursos económicos. Pueden aportar oficinas, terrenos, infraestructura, logística, conocimiento, gestión y voluntad institucional. Lo importante es comenzar a construir nuestra propia capacidad empresarial y operativa.
Además, existe un elemento que no podemos pasar por alto: los subsidios que el Estado debe al sistema energético y, particularmente, a Air-e. Se ha señalado una deuda cercana a los $3,3 billones por concepto de subsidios. Y aquí surge una pregunta fundamental: si esos recursos están destinados a garantizar la prestación del servicio a los usuarios, ¿por qué no pensar en un modelo en el que esos recursos puedan ser administrados de manera más directa, transparente y eficiente por una empresa propia de los territorios?.
Porque el problema no es solamente cuánto dinero se le inyecta a una empresa. El verdadero problema es qué se hace con esos recursos y qué resultados reciben los usuarios.
Si después de tantos recursos seguimos teniendo problemas de calidad, continuidad, infraestructura y atención al usuario, tenemos que ser capaces de plantearnos nuevas alternativas.
Por eso considero que los subsidios destinados a los usuarios guajiros deben convertirse en una herramienta para fortalecer nuestro propio modelo energético, bajo reglas claras, vigilancia del Estado, transparencia y control de los organismos competentes.
No estoy planteando que mañana aparezca una empresa gigantesca con miles de trabajadores y una infraestructura multimillonaria. Estoy planteando comenzar paso a paso: construir capacidades, organizar una estructura empresarial sólida, recuperar progresivamente el control de nuestra realidad energética y crecer de acuerdo con nuestras posibilidades.
Que cada quien maneje su patio. Que cada territorio pueda manejar su propia realidad.
Traer nuevamente una empresa externa, así tenga un gran músculo financiero, tampoco garantiza resultados inmediatos. Cualquier empresa que llegue tendrá que capitalizarse, recuperar inversiones, organizar su operación y posteriormente comenzar a invertir. Ese proceso puede tomar años.
Entonces, ¿por qué no empezamos nosotros ese camino?
La Guajira tiene, además, una ventaja extraordinaria: nuestro territorio posee un enorme potencial para generar energía eólica y solar. En el futuro, nuestra propia empresa podría comprar directamente energía a los proyectos que se desarrollan en nuestro territorio y distribuirla a los hogares guajiros.
Así podríamos reducir intermediaciones, aprovechar nuestra propia riqueza energética y construir un modelo pensado desde las necesidades de los guajiros.
No se trata simplemente de crear otra empresa. Se trata de recuperar la capacidad de decidir sobre nuestro propio futuro energético.
El Estado debe entender que esto no es solamente una discusión empresarial. Es una discusión de calidad de vida, desarrollo regional, equidad territorial y soberanía sobre nuestros recursos.
Por eso el Estado debe propiciar y acompañar financieramente la creación y consolidación de empresas públicas de energía en los departamentos que estén dispuestos a asumir ese reto.
Puede parecer una utopía. Puede parecer difícil. Puede parecer descabellado. Pero las grandes transformaciones siempre comienzan con una idea que, al principio, muchos consideran imposible.
Yo creo que La Guajira puede hacerlo. Y creo que llegó el momento de comenzar a discutirlo seriamente.
Porque si durante años hemos probado modelos que no han solucionado el problema, ¿por qué no atrevernos a regresar al origen y construir nuestro propio camino?

