La justicia colombiana condenó al exjefe paramilitar Salvatore Mancuso por su responsabilidad en 117 crímenes cometidos contra comunidades indígenas wayuu en el departamento de La Guajira, hechos ocurridos en el marco del conflicto armado y que durante años permanecieron en la impunidad.
La decisión judicial reconoce la gravedad de las acciones perpetradas por estructuras paramilitares bajo el mando de Mancuso, las cuales afectaron de manera directa a familias y territorios wayuu, provocando asesinatos, desplazamientos forzados y profundas rupturas en el tejido social de estas comunidades ancestrales. El fallo constituye un avance significativo en el esclarecimiento de la violencia sufrida por los pueblos indígenas en el norte del país.
Según lo establecido en el proceso, los crímenes formaron parte de una estrategia sistemática de control territorial y sometimiento de la población civil, en una región históricamente golpeada por la presencia de actores armados ilegales y por la débil protección institucional. Las víctimas fueron reconocidas como sujetos de especial protección constitucional, dada su condición étnica y cultural.
Organizaciones de derechos humanos y voceros indígenas han señalado que esta condena representa un paso importante hacia la verdad y la justicia, aunque insisten en que aún persisten deudas pendientes con las comunidades wayuu, especialmente en materia de reparación integral, garantías de no repetición y reconocimiento pleno del daño colectivo causado.
El fallo también reabre el debate sobre la responsabilidad del Estado en la protección de los pueblos indígenas durante el conflicto armado y la necesidad de fortalecer los mecanismos de justicia transicional para que los crímenes contra comunidades étnicas no queden en el olvido.
Para las víctimas, la condena contra Mancuso no borra el dolor ni las pérdidas sufridas, pero sí envía un mensaje de reconocimiento y dignidad. En un territorio marcado por la violencia y el abandono histórico, la decisión judicial es leída como un llamado a no repetir la barbarie y a construir memoria, justicia y reparación para el pueblo wayuu.






