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Actuemos en contra del suicido

No tienes que cargar con todo solo. Pedir ayuda no es rendirse. No es molestar. No es ser débil. Pedir ayuda puede ser el primer paso para volver a vivir.

Hoy, 10 de septiembre, se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Para muchas personas será una fecha más, para mí, no.

Hablar de suicidio todavía incomoda. Nos cuesta decir la palabra. Preferimos rodearla, suavizarla o simplemente no hablar de ella. Pero el silencio no hace desaparecer el dolor. Muchas veces, solo permite que crezca donde nadie puede verlo.

En abril de 2025 intenté quitarme la vida.

Todavía pesa escribirlo. No por vergüenza, sino porque durante mucho tiempo pensé que hablar de lo que sentía era una señal de debilidad. Hoy pienso diferente.

Durante mi vida cargué con el abandono, abuso sexual y violencia física. Durante años guardé esas experiencias en silencio. Aprendí a trabajar, cumplir responsabilidades, sonreír y seguir adelante como si todo estuviera bien.

Pero no estaba bien.

Y creo que ahí tenemos uno de nuestros mayores problemas, especialmente cuando hablamos de los hombres.

A muchos nos enseñaron desde niños que un hombre debe aguantar. Que no llora. Que no se quiebra. Que tiene que ser fuerte y resolverlo todo sin pedir ayuda.

En nuestra cultura caribe y, particularmente, en La Guajira, esas ideas siguen presentes. Aun se escucha decirle a los niños: “No llore, sea hombre”. Le enseñamos a defenderse, pero pocas veces a hablar de lo que siente.

Después esos niños se convierten en adultos. Hombres que trabajan, tienen familia, hacen chistes y parecen estar bien, mientras por dentro enfrentan batallas que nadie conoce.

Por eso necesitamos hablar de salud mental antes de que ocurra una tragedia. Necesitamos enseñarles a nuestros niños que llorar no los hace menos hombres, que sentir miedo no es cobardía y que pedir ayuda no significa estar ‘loco’ ni haber fracasado.

También necesitamos aprender a escuchar.

Cuando alguien dice “no puedo más”, no necesariamente busca llamar la atención. Puede estar intentando decir, con las pocas fuerzas que le quedan, que necesita ayuda.

Yo estuve allí.

Y estar aquí hoy no significa que todo haya quedado atrás. Recuperarse no es una línea recta. Hay días buenos y días difíciles. Hay heridas que necesitan tiempo.

Pero también hay ayuda. Hay profesionales, tratamientos y personas dispuestas a escuchar. Incluso cuando una crisis nos hace pensar que no existe salida, puede haberla.

Por eso, si hoy estás pasando por un momento difícil, no esperes a tocar fondo para pedir ayuda. Habla con alguien. Llama. Escribe. No necesitas encontrar las palabras perfectas. Puedes comenzar diciendo: “No estoy bien”.

Y si alguien cercano te dice que está sufriendo, escúchalo.

No minimices su dolor. No le digas que “eso se le va a pasar” o que simplemente tiene que ser fuerte. No necesitamos tener todas las respuestas para acompañar a alguien.

Después de abril de 2025 entendí algo que quizá debí aprender mucho antes:

Ser fuerte no significa soportarlo todo en silencio.

Ser fuerte también es reconocer que necesitamos ayuda. Es levantar el teléfono, tocar una puerta, acudir a un profesional y permitir que alguien nos acompañe.

La prevención del suicidio no puede quedarse en una campaña de un día. Tiene que ser una conversación permanente en nuestras familias, colegios, universidades, trabajos y comunidades.

Quizás el cambio comience cuando dejemos de decirle a un niño que los ‘hombres no lloran’.

Quizás cuando un padre pueda decir que necesita ayuda.

Quizás cuando un amigo pregunte “¿cómo estás?” y realmente quiera escuchar la respuesta.

Yo cuento esta parte de mi historia porque sobreviví. Pero, sobre todo, porque alguien puede estar leyendo esto mientras atraviesa uno de esos momentos en los que todo parece demasiado difícil.

A esa persona quiero decirle:

No tienes que cargar con todo solo. Pedir ayuda no es rendirse. No es molestar. No es ser débil. Pedir ayuda puede ser el primer paso para volver a vivir.

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